Instituto Neurociencias para la Felicidad

Un lugar seguro para sanar: autocuidado somático

Un lugar seguro para sanar: autocuidado somático y neurociencia En este artículo quiero compartir contigo una reflexión y una serie de prácticas que considero fundamentales para nuestro bienestar. El tema que nos convoca es un lugar seguro para sanar, porque sin seguridad, el cuerpo y la mente no pueden realmente iniciar procesos de curación. Lo que encontrarás aquí son herramientas prácticas y comprensibles, basadas en la neurociencia y la psicología somática, para que puedas crear ese espacio de confianza dentro de ti y en tu vida cotidiana. EL ESTRÉS Y EL TRAUMA COMO CARGA CORPORAL Muchas veces pensamos que el estrés es solo mental, un asunto de pensamientos negativos o exceso de responsabilidades. Sin embargo, el cuerpo guarda la memoria de lo vivido. Cuando atravesamos experiencias difíciles, el sistema nervioso queda marcado, y esa huella se traduce en cansancio, irritabilidad, desmotivación o incluso en la sensación de estar desconectadas de nosotras mismas. Desde hace más de veinte años trabajando en psicología clínica he podido comprobar que el trauma no es solamente un recuerdo psicológico. Es una marca fisiológica. El sistema nervioso autónomo organiza nuestras respuestas de defensa —lucha, huida o congelamiento— y esas respuestas se quedan instaladas incluso cuando el peligro ya pasó. Por eso, hablar de un lugar seguro para sanar implica también darle al cuerpo una experiencia distinta de calma y sostén. LA CAJA DE LA PERCEPCIÓN Y LA NEUROCEPCIÓN El psiquiatra Stephen Porges, creador de la teoría polivagal, introdujo el concepto de “neurocepción”: la capacidad de nuestro sistema nervioso de detectar, sin que lo pensemos, si el entorno es seguro o amenazante. Esta neurocepción influye en nuestras relaciones, en cómo nos vinculamos y en la forma en que expresamos o contenemos las emociones. Si crecimos en entornos inestables o marcados por el miedo, el cuerpo aprende a vivir en alerta. Y aunque hoy estemos en otra etapa de la vida, esa alerta se puede activar frente a ruidos, gestos, tensiones o situaciones que nos recuerdan el peligro. La buena noticia es que podemos entrenar nuestro sistema nervioso para reconocer la seguridad. Ahí comienza el camino hacia un lugar seguro para sanar. ESTRÉS, TRAUMA Y VENTANA DE TOLERANCIA No todo malestar es trauma. El estrés agudo es una respuesta natural a una situación puntual y suele resolverse solo. El estrés crónico, en cambio, desgasta el cuerpo, reduce la tolerancia y produce síntomas persistentes. Y cuando hablamos de trauma, nos referimos a una huella profunda que altera la fisiología, la memoria y la forma de relacionarnos. Comprender estas diferencias nos permite observar con más claridad lo que sentimos. Un dolor recurrente, una cefalea, un insomnio o una alergia pueden ser señales de que el cuerpo necesita pausa. Aprender a escuchar estas señales es clave para construir un lugar seguro para sanar. EJERCICIOS DE REGULACIÓN PARA CREAR SEGURIDAD Lo más transformador es que no necesitamos grandes recursos para empezar. Podemos apoyarnos en prácticas simples que activan el sistema nervioso parasimpático ventral, asociado con calma, conexión y confianza. Quiero compartirte algunos de los ejercicios que enseño con frecuencia: Respiración vagal: inhalar profundo por la nariz y exhalar lentamente por la boca, alargando la exhalación hasta que la frecuencia cardíaca descienda. Orientación somática: girar la cabeza y observar el entorno, buscando colores, formas o detalles que transmitan calma. Así el cerebro registra que estamos en un espacio seguro. Chequeo corporal breve (body scan): recorrer con la atención desde los pies hasta la cabeza, registrando tensiones, temperatura, peso y sensaciones. Contacto seguro: colocar la mano sobre el pecho o el abdomen, presionar suavemente y sentir el soporte. Estiramientos conscientes: mover hombros, cuello y brazos no solo como ejercicio físico, sino conectando con la sensación interna del cuerpo. Estas prácticas no tardan más de cinco minutos y ayudan a darle al cuerpo un anclaje de calma. Cada vez que las realizamos, fortalecemos la neuroplasticidad positiva: la capacidad del cerebro de generar nuevas rutas de seguridad. RITMOS NATURALES Y MOVIMIENTO Otro aspecto fundamental es respetar nuestros ritmos circadianos. Dormir bien, alimentarse de manera equilibrada y mantener un nivel de movimiento diario son bases para el equilibrio emocional. El cuerpo necesita moverse para generar neuroplasticidad y neurogénesis. Caminar, bailar, estirarse o incluso sacudir el cuerpo como lo hace un animal después de una tensión, son formas de liberar energía contenida. Conectar con la naturaleza también es un recurso poderoso. Observar un bosque, escuchar agua corriendo o caminar bajo el sol activa memorias de seguridad en el cerebro. Aunque no podamos siempre salir a un parque, incluso ver imágenes naturales o escuchar sonidos del mar puede tener un efecto regulador. LA MEMORIA DEL CUERPO Y EL TRABAJO SOMÁTICO El cuerpo recuerda lo que la mente no siempre puede nombrar. Por eso, en el trabajo somático hablamos de pendulación: mover la atención entre una sensación incómoda y otra más segura. De esta forma, el sistema nervioso aprende a renegociar lo que estaba congelado. Por ejemplo, puedo sentir tensión en mi garganta, pero también calor agradable en mis manos. Si voy alternando la atención entre ambas, sin forzar nada, el cuerpo poco a poco integra la experiencia. Esta práctica es sencilla pero muy profunda, porque abre la puerta a que el sistema nervioso reorganice respuestas y libere energía atrapada. UN LUGAR SEGURO PARA SANAR EN LA VIDA COTIDIANA No se trata de vivir aislados ni de evitar todo lo que nos estresa. Se trata de aprender a construir microespacios de seguridad: cerrar el día con gratitud, darnos un momento de respiración antes de dormir, crear un entorno íntimo cálido en la habitación, compartir desde la cercanía con una mascota o una persona querida. Todos estos gestos cotidianos fortalecen la sensación de seguridad interna. Un lugar seguro para sanar no es solo un espacio físico, sino también una experiencia corporal. Es reconocer que, aunque hayamos vivido dolor, el cuerpo busca todo el tiempo reorganizarse para estar bien. Nuestro rol es acompañarlo con presencia, respeto y amor. INTEGRACIÓN DE LA EXPERIENCIA Al practicar estas herramientas descubrimos que el trauma no

Estrés y Trauma en la Vida Diaria: Respuestas Reales

Mariann reflexionando en un live sobre las respuestas de su comunidad en Instagram acerca del estrés y el trauma.

Reflexiones de respuestas de estrés y trauma en la vida diaria Introducción En mi último encuentro en vivo quise hacer algo distinto: en lugar de hablar desde la teoría, abrí un espacio para compartir y reflexionar sobre las respuestas que mi comunidad entregó en una encuesta en Instagram. Preguntamos cómo vivimos el estrés y el trauma en lo cotidiano, y lo que recibimos fue un retrato conmovedor de nuestra vida diaria: desconexión, insomnio, contracturas, miedo a mostrarnos vulnerables y la sensación de estar en “piloto automático”. Estas reflexiones de respuestas de estrés y trauma en la vida diaria no son solo datos o estadísticas. Son voces reales que muestran que el trauma no es algo lejano, sino una experiencia presente en nuestro cuerpo, en nuestras emociones y en la forma en que enfrentamos el mundo. Al mirar juntas y juntos estas experiencias, descubrimos que es posible transformar la manera en que respondemos, entrenando a nuestro cuerpo para volver a sentir seguridad, calma y conexión interior. Desconexión y piloto automático: una sensación compartida Una de las preguntas centrales de la encuesta fue si las personas se sentían desconectadas en su vida diaria. La respuesta me sorprendió, aunque también me confirmó lo que tantas veces veo en consulta: el 50% declaró sentirse “apagado” casi todo el tiempo, y otro 43% dijo que le ocurre con frecuencia. Esta desconexión suele expresarse como vivir en piloto automático. Hacemos las cosas porque “hay que hacerlas”, pero sin la energía interna que nos conecta con la alegría, la motivación o el propósito. Es un estado donde parece que todo funciona hacia afuera, pero por dentro falta esa chispa vital. Cuando permanecemos mucho tiempo en este estado, el cuerpo empieza a enviar señales de vacío, de insatisfacción y de falta de sentido. Muchas personas llegan a terapia diciendo: “me siento desmotivado, no tengo ganas de nada”. Esa sensación es justamente la consecuencia de una desconexión interna que, aunque nos mantiene funcionando, cobra un costo emocional profundo. Vulnerabilidad: el difícil camino de mostrarse tal como somos Otra pregunta que hicimos fue sobre la capacidad de mostrarse vulnerables. Tres de cada cuatro personas dijeron que les resulta casi imposible hacerlo. Esta dificultad no habla de debilidad, sino de un aprendizaje doloroso: mostrar la vulnerabilidad puede haberse sentido como un riesgo demasiado grande. Ser vulnerables implica abrirnos, mostrar emociones, reconocer fragilidades. Y para eso se necesita coraje. Sin embargo, muchas veces preferimos endurecernos, mantener una máscara fuerte, incluso aunque por dentro sintamos miedo o cansancio. Reflexionando sobre estas respuestas de estrés y trauma en la vida diaria, pensé en lo complejo que es confundir vulnerabilidad con fragilidad. La vulnerabilidad, en realidad, es una forma de fuerza: significa atrevernos a ser auténticos en un mundo que muchas veces nos exige lo contrario. Estrategias de sobrevivencia: las máscaras invisibles del trauma Las encuestas también revelaron cuáles son las estrategias más comunes para sobrevivir en ambientes tensos o demandantes. Aparecieron respuestas como callar, reprimir, estar en alerta constante, desconectarse o procrastinar. Estas son formas de protección que aprendimos en momentos difíciles. Callar puede haber sido una manera de evitar un conflicto. Procrastinar, un recurso para no enfrentar un cambio que se sentía demasiado grande. La disociación, una salida para no sentir algo que dolía demasiado. Estas máscaras cumplen una función: nos ayudan a sobrevivir. Pero tienen un costo. Nos alejan de nuestra autenticidad, nos hacen sentir atrapados en un personaje que no somos y nos impiden avanzar en nuestra vida. Vivir siempre desde la estrategia de defensa termina por desgastarnos, porque en el fondo sabemos que no estamos siendo realmente nosotros mismos. Estrés traumático: cuando la experiencia desborda al cuerpo En el live también reflexionamos sobre la diferencia entre un estrés cotidiano y un estrés traumático. No todo lo que nos pasa es un trauma, pero sí existen experiencias estresantes que dejan una huella tan profunda que el cuerpo no las olvida. Un ejemplo concreto: alguien que rinde un examen de grado y le va mal puede vivirlo como un evento que, aunque no sea un trauma en sentido clínico, sí resulta tan estresante que el cuerpo lo registra como una experiencia a evitar. La próxima vez que deba rendir un examen, ese recuerdo se activa y la persona se bloquea. La buena noticia es que el cuerpo puede entrenarse. Podemos desarrollar respuestas más reguladas frente al estrés, aprendiendo a calmarnos, a respirar distinto, a reconocer que la amenaza ya pasó. Eso requiere trabajo terapéutico, pero es posible. La necesidad de seguridad: un clamor colectivo Una de las respuestas más significativas de la encuesta fue sobre la necesidad de seguridad. Nadie dijo que no la necesitaba. Todas las personas reconocieron buscar espacios seguros en algún área de su vida. El cerebro humano está diseñado para detectar peligro. Aun cuando conscientemente creemos que “todo está bien”, nuestro sistema nervioso registra tensiones y emite señales de alarma. Por eso muchas personas dicen sentirse agotadas en sus trabajos, distraídas o con la sensación de no poder concentrarse. Vivir en ambientes hostiles mantiene al cuerpo en estado de alerta constante. La necesidad de espacios seguros —en casa, en el trabajo, en las relaciones— no es un lujo, es una necesidad biológica. Sin seguridad, el sistema nervioso nunca puede relajarse. El cuerpo habla: síntomas físicos más frecuentes Otra parte de las respuestas de estrés y trauma en la vida diaria fueron los síntomas físicos que las personas describieron. Los más comunes fueron: Contracturas en cuello y hombros. Dolor de espalda y cintura. Problemas digestivos. Tensión mandibular. Dolor de cabeza. Insomnio frecuente. El dato más impactante fue que 13 de 17 personas dijeron tener insomnio al menos dos o tres veces por semana. Dormir mal no es solo un problema de descanso: afecta la concentración, el ánimo y la capacidad de regular nuestras emociones. Estos síntomas muestran que el trauma y el estrés no viven solo en la mente. Se expresan en el cuerpo, en la musculatura, en la digestión, en el sueño. El cuerpo guarda la historia

Tipos de Ansiedad en Terapia PHP y Cómo Abordarlos

Representación visual de los tipos de ansiedad y su abordaje en la terapia PHP desde la curación somática.

Tipos de Ansiedad en la Mirada de Terapia PHP La ansiedad es una experiencia común en la vida humana, pero su origen, manifestación y forma de abordarla varían profundamente de una persona a otra. En la mirada de la Terapia PHP™ (Proceso de Sostener Puntos), comprender los tipos de ansiedad y su conexión con el cuerpo es clave para iniciar un camino de curación real y sostenible. En este artículo exploraremos los Tipos de Ansiedad en la Mirada de Terapia PHP, sus causas, cómo se manifiestan y de qué manera la integración de cuerpo y mente, junto con técnicas somáticas y neurocientíficas, pueden ayudarnos a regularlas y transformarlas. La ansiedad: mecanismo evolutivo y adaptativo La ansiedad no es un error de nuestro sistema, sino un mecanismo evolutivo que ha permitido la supervivencia de la especie. Desde el inicio de nuestra historia como seres humanos, la capacidad de estar atentos al peligro nos ha protegido de amenazas reales. Sin embargo, cuando esta respuesta se activa de forma excesiva o sostenida, comienza a afectar nuestro bienestar físico, emocional y mental. En la Terapia PHP se reconoce que la ansiedad puede estar impresa en nuestra memoria biológica, influenciada por el entorno, la genética y las experiencias de vida. La clave está en distinguir cuándo se trata de una activación adaptativa y cuándo ha cruzado el umbral hacia la desregulación. La importancia de conocer tu tipo de ansiedad Identificar qué tipo de ansiedad predomina en tu vida es fundamental para elegir el abordaje más efectivo. Desde la perspectiva de la Terapia PHP, se distinguen tres grandes categorías: Ansiedad somática Ansiedad psicológica Ansiedad emocional Cada una tiene características propias, pero pueden interactuar entre sí, generando un efecto en cascada que intensifica los síntomas. Ansiedad somática: el cuerpo como escenario En la ansiedad somática, el cuerpo es el principal canal de expresión. Los síntomas físicos pueden incluir: Sequedad en la boca Temblores o tiritar Taquicardia Presión en el pecho Respiración corta Dolores musculares crónicos Problemas digestivos (como colon irritable) Desde la mirada de la Terapia PHP, estos síntomas son respuestas automáticas del sistema nervioso que quedaron “programadas” por experiencias pasadas de miedo, estrés o trauma. No siempre están asociadas a un peligro presente; muchas veces se activan por memorias implícitas o por el entorno (ruidos fuertes, cambios de temperatura, aglomeraciones). Abordaje en PHP:Se utilizan técnicas de sostén de puntos para enviar señales de seguridad al sistema nervioso, reorganizando patrones de defensa y ayudando al cuerpo a salir del estado de amenaza crónica. Ansiedad psicológica: la mente atrapada En la ansiedad psicológica, el foco está en los pensamientos y procesos cognitivos. La persona puede experimentar: Rumiación constante Pensamientos catastróficos Sensación de urgencia permanente Bloqueo para tomar decisiones Dificultad para ver soluciones Aunque el cuerpo también participa, en este tipo de ansiedad la mente se convierte en un bucle que alimenta la activación. El problema es que el pensamiento no siempre logra “calmar” al sistema nervioso por sí solo. Abordaje en PHP:El trabajo combina sostén físico y acompañamiento verbal para que el cuerpo reciba nuevas experiencias de calma. Esto facilita que la mente se reorganice de forma natural, sin forzar la interrupción del pensamiento. Ansiedad emocional: cuando la emoción desborda La ansiedad emocional surge cuando una emoción —miedo, tristeza, amor intenso, frustración— activa de forma desmedida al sistema nervioso. Aquí el detonante no es solo mental o físico, sino un afecto que moviliza todo el cuerpo. Ejemplos comunes son: Ansiedad por miedo a perder a un ser querido Activación intensa durante una relación amorosa Reacciones de pánico ante conflictos emocionales Abordaje en PHP:Se busca que el cuerpo viva una nueva experiencia de seguridad y sostén frente a la emoción. Esto puede incluir técnicas somáticas, contacto seguro y ejercicios de respiración que permitan regular la intensidad emocional. Factores que potencian la ansiedad En la práctica clínica con Terapia PHP se observa que los Tipos de Ansiedad en la Mirada de Terapia PHP pueden verse amplificados por: Historia familiar de ansiedad (patrones aprendidos) Experiencias tempranas de negligencia o sobreprotección Estrés crónico y falta de descanso Déficit de contacto con la naturaleza (ecoansiedad) Cambios climáticos y ambientales que afectan la percepción de seguridad Herramientas prácticas para regular la ansiedad La Terapia PHP propone intervenciones simples y profundas para acompañar los distintos tipos de ansiedad: Respiración en caja (inhalar, sostener, exhalar, sostener en tiempos iguales) Contacto visual y respiración conjunta con otra persona para generar co-regulación Caminatas al aire libre, observando el cielo y los entornos abiertos Técnicas de auto-sostén (manos en el pecho o abdomen) Trabajo con puntos específicos del cuerpo para liberar tensión y reorganizar el flujo interno Ansiedad y trauma: una relación inseparable En la mirada de la Terapia PHP, la ansiedad y el trauma están estrechamente ligados. Un trauma no resuelto puede mantener al sistema nervioso en modo de defensa constante, incluso años después del evento. Esto provoca que la ansiedad, sea somática, psicológica o emocional, se vuelva más intensa y frecuente. El Proceso de Sostener Puntos permite trabajar sin reactivar el trauma, creando nuevas rutas de confianza interna que reemplazan patrones de miedo y bloqueo. Un llamado a la autoobservación Reconocer el tipo de ansiedad que predomina en ti es un paso fundamental hacia la autorregulación. Pregúntate: ¿Dónde siento la ansiedad primero: en el cuerpo, en la mente o en la emoción? ¿Se activa por situaciones presentes o por recuerdos y sensaciones internas? ¿He aprendido a vivir con un nivel de tensión que considero “normal”? Responder a estas preguntas con honestidad abre la puerta a intervenciones más precisas y efectivas. Conclusión Los Tipos de Ansiedad en la Mirada de Terapia PHP nos muestran que no todas las ansiedades son iguales y que el abordaje debe adaptarse a su origen y manifestación. La integración de técnicas somáticas, neurociencia aplicada y acompañamiento seguro permite no solo reducir los síntomas, sino transformar la relación con el propio cuerpo y la propia historia. No se trata de forzarnos a dejar de sentir ansiedad, sino de darle al cuerpo y a

Fragilidad, cuerpo y continente: cómo recuperar tu seguridad interna

Mujer en postura introspectiva junto al agua, conectando con su cuerpo como vía de autorregulación emocional.

Fragilidad, cuerpo y continente: cómo recuperar tu seguridad interna Hay momentos en la vida en que todo parece volverse demasiado. Nos sentimos frágiles, con las emociones a flor de piel, sin saber muy bien por qué. Aunque muchas veces intentamos resolverlo desde la mente —pensando, analizando, controlando—, lo cierto es que esa fragilidad no nace del pensamiento. Nace del cuerpo. Si no comprendemos su lenguaje, seguiremos atrapadas en ciclos de desregulación, culpa y sobreexigencia. Hoy quiero hablarte sobre la fragilidad cuerpo continente. No como un concepto clínico, sino como una experiencia íntima que muchas vivimos y que es posible transformar desde la raíz. CUANDO EL CUERPO NO SOSTIENE Durante años creímos que la fragilidad emocional era una debilidad de carácter o una falla personal. Pero la neurociencia y la psicología somática nos muestran otra cosa: muchas veces, esa “fragilidad” es la expresión de un sistema nervioso que ha sido sobrecargado por demasiado tiempo. Imagínalo así: si tu sistema nervioso fuera un vaso, ¿cuánto está conteniendo? ¿Cuánta agua ha caído, una y otra vez, sin oportunidad de vaciarse? Cada estrés, cada trauma, cada relación que te exige más de lo que puedes dar, se suma a ese vaso interno. Tarde o temprano, una gota más lo rebalsa. Entonces lloras, te paralizas, gritas, te sientes desbordada… y no sabes por qué. Esto no es debilidad. Es falta de continente. Tu cuerpo, tu biología, necesita aprender a contener nuevamente. FRAGILIDAD NO ES DEBILIDAD, ES SOBRECARGA Cuando vivimos con una amígdala hiperreactiva —ese centro cerebral que detecta peligro—, cualquier estímulo se interpreta como amenaza: una palabra mal dicha, una mirada evasiva, una crítica sutil. Da igual si proviene de un desconocido o de alguien cercano. El cuerpo reacciona como si estuvieras en peligro real. Este tipo de reacción no se controla con voluntad. No es racional. Es automática. Por eso necesitamos trabajar desde abajo hacia arriba: del cuerpo a la mente, no al revés. Síntomas como insomnio, ansiedad, reacciones desproporcionadas o agotamiento crónico son señales de que el cuerpo no se siente seguro. Revelan un sistema nervioso hiperactivado y una falta de espacio interno para procesar lo que ocurre. EL CAMINO DEL CUERPO HACIA LA REGULACIÓN La buena noticia es que sí podemos recuperar ese continente. No hace falta una técnica compleja. A veces, lo más simple es lo más profundo. Por ejemplo: Respirar lento, como si el cuerpo pudiera decir “estoy a salvo”. Sentir el peso de tus pies en el suelo. Nombrar una sensación: “esto es angustia”, “esto es enojo”. Poner tus manos sobre el pecho o el abdomen. Dejarte tocar por el agua: un baño, una ducha consciente, un río. El cuerpo necesita experiencias coherentes con su lenguaje. No hay que forzarlo a cambiar, sino darle permiso para sentirse seguro otra vez. Y eso comienza con actos simples, repetidos con compasión. AUTOESTIMA Y CONTINENTE INTERNO Cuando no hay seguridad interna, solemos entregar nuestra autoestima al otro. Esperamos que alguien nos mire, nos apruebe, nos valide. Esa dependencia nos vuelve vulnerables al abandono, a la crítica, al rechazo. Reconstruir nuestro continente interno también es recordar que no necesitamos que alguien nos contenga si nosotras podemos hacerlo. No hace falta que otro nos diga que estamos bien si aprendemos a escucharnos con firmeza y ternura. Esto no significa cerrarnos al vínculo. Significa llegar con más fuerza, autonomía y claridad sobre lo que necesitamos y lo que ya no estamos dispuestas a tolerar. PRESENCIA EN EL AQUÍ Y AHORA El trauma no siempre es lo que ocurrió. Muchas veces es lo que quedó atrapado en el cuerpo: una emoción congelada, una respuesta de huida que nunca terminó, una energía que no se liberó. Darnos permiso para sentir —sin juicio ni exigencia— permite que el cuerpo se libere. Con tiempo, comienza a descongelarse y a recuperar su vitalidad. No se trata de revivir el pasado. Se trata de aprender a sentir en el presente. De quedarnos con nosotras cuando algo duele, en lugar de escapar hacia la mente, el trabajo o las adicciones emocionales. Cuando el cuerpo encuentra seguridad, la fragilidad se convierte en sensibilidad. Y la sensibilidad, en sabiduría. ¿CÓMO ES TU CONTINENTE HOY? A veces buscamos sostén afuera: una pareja, una terapia, una comunidad. Todo eso puede ayudar. Pero el verdadero continente nace dentro. Es tu capacidad de sentir sin desbordarte. Es tu forma de decir “esto sí, esto no”. Es tu respiración como ancla en medio de la tormenta. Es tu cuerpo, poco a poco, recuperando el permiso para habitarse. No estamos rotas. Estamos desreguladas.No estamos solas. Solo perdimos el camino de regreso al cuerpo.Y ese camino siempre está disponible. RECUPERAR LA SEGURIDAD INTERNA Lo más revolucionario hoy no es tener más herramientas mentales, sino más recursos corporales. No se trata de ser más productiva, sino más presente. No se trata de responder bien, sino de sentirnos bien. Si estás cansada de sentirte al borde del colapso, del llanto o del autoabandono, esta es tu invitación: Vuelve al cuerpo.Vuelve a tu centro.Vuelve al continente que eres. Para seguir profundizando, visita nuestro blog:https://www.institutoneurociencias.cl/actividades/articulos/

Sin Miedo y Sin Culpa: Neurociencia y Sanación Somática

Persona liberándose de miedo y culpa, con tonos cálidos que evocan calma y esperanza

SIN MIEDO Y SIN CULPA: mi mapa desde la neurociencia hasta el cuerpo Introducción Cuando acompaño procesos terapéuticos veo una y otra vez el mismo nudo: culpa y miedo activan al sistema nervioso como si un incendio nunca terminara. El resultado son cuerpos tensos, estómagos irritados, taquicardias y noches sin sueño. Vivir Sin Miedo y Sin Culpa no significa dejar de experimentar esas emociones; significa evitar que se cronifiquen y devoren la vitalidad. La culpa puede sentirse como un “peso de conciencia” que aprieta el pecho y encorva los hombrosPROMPT CARRUSEL IG, mientras que el miedo prolongado dispara cortisol, mata neuronas y abre la puerta a la depresión. En estas páginas comparto—desde mi experiencia clínica y las reflexiones que expuse en nuestra conversación sobre el tema—un recorrido para reconocer, comprender y comenzar a soltar aquello que nos impide vivir Sin Miedo y Sin Culpa. 1. La culpa: de brújula moral a carga corporal 1.1 Culpa sana Existe una “culpa real”: surge tras un daño concreto y nos impulsa a reparar. Esa forma de culpa es parte de la ética relacional: reconoce responsabilidad y busca equilibrio. 1.2 Culpa patológica Cuando la culpa se vuelve “un conflicto interno permanente”, aparece el martirio y el auto-odioPROMPT CARRUSEL IG. Esta culpa patológica se alimenta de la fantasía de controlar lo incontrolable: “mejor siento culpa porque alguna vez creí que podía tener el control”PROMPT CARRUSEL IG. Entonces el cuerpo se curva, la garganta se cierra y la vida entera se percibe como un peso insoportablePROMPT CARRUSEL IG. 1.3 Culpa y vergüenza, un binomio traumático “La vergüenza va detrás del trauma” afirmo con frecuenciaPresentación CURACIÓN…. Cuando la autocondena se mezcla con la sensación de no pertenecer, la vergüenza actúa como luz roja que revela viejas heridas. Entrar en contacto con esas capas profundas es doloroso, pero necesario para vivir Sin Miedo y Sin Culpa. 2. El miedo: del aviso adaptativo al terror paralizante 2.1 Del miedo fisiológico al terror El miedo normal es defensivo. El problema llega cuando “el miedo se transforma en terror” y caemos en la vía vagal dorsal: disociación y congelamiento. En ese estado, la adrenalina no impulsa la huida sino que nos deja “paradas en medio de la crisis” sin capacidad de respuesta. 2.2 Síntomas corporales del miedo crónico Bruxismo, colon irritable y gastritis aparecen como respuestas del sistema nervioso autónomo. Crisis de pánico y “sensación de ahogo” marcan la línea que conecta al miedo con el trastorno de estrés postraumáticoPresentacion INF 2025 F…. El miedo prolongado puede hacer que “mejor no salgo, me quedo en casa”, como ocurrió con muchos adultos mayores tras la pandemiaPresentacion INF 2025 F…. 2.3 Fobias y detonantes sensoriales Las fobias—aguas profundas, aviones, agujas—muestran que el cuerpo “no está hecho para intervenciones” y reacciona con repulsión a cualquier potencial dañoLive 27 Julio 2025 – Si…. También el ambiente social puede detonar la alarma: un lugar hostil activa sudor, taquicardia y deseos de huirPresentacion INF 2025 F…. 3. Intersección cuerpo-mente: lo que revela la neurociencia Curvas altas de cortisol son “tóxicas en sangre y cerebro”, reducen neurotransmisores y favorecen la depresión. La neurocepción negativa dispara el sistema simpático incluso sin estímulo visible: basta un tono de voz agresivo o un recuerdo corporal para que el miedo vuelvaPresentacion INF 2025 F…. El vago dorsal se activa en congelamiento extremo, igual que la zarigüeya que “se hace la muerta” para sobrevivir. Comprender estos circuitos me permite afirmar que vivir Sin Miedo y Sin Culpa es un proceso neurosomático, no un simple truco de pensamiento positivo. 4. El cuerpo habla: plexos, dolores y “corazas” Cuando algo me duele pregunto: ¿qué está diciendo ese dolor? El cuerpo “tiene voz” y habla a través de síntomas. En mis pacientes observo patrones: Dolores cervicales y maxilares en quienes cargan tensión y rabia no expresada. Inflamación visceral—colon, estómago, esófago—relacionada con sustos recientes o miedo acumulado. Lumbares, caderas y rodillas que revelan impactos emocionales según la base bioenergética descrita por Lowen. Lowen llamaba a estos conglomerados “corazas”, capas musculares que protegen pero restringen la energía vital. Escuchar la “voz del síntoma” es el primer gesto de cuidado. 5. Hacia Sin Miedo y Sin Culpa: pasos prácticos desde la conversación Observar el cuerpo: antes de dormir pregúntate “¿dónde me pasó?” y localiza la sensación física tras un comentario desagradable o un sobresalto. Buscar lugares seguros: dormir en espacios sin ruidos invasivos y proteger la intimidad del dormitorio ayuda a reparar el sistema. Regular la exposición: si un miedo específico se vuelve fobia, conviene abordarlo en terapia para evitar la restricción de la vida cotidianaLive 27 Julio 2025 – Si…. Compartir la culpa: analizar con otra persona “qué tanto puedo aceptar y qué reparación es posible” desactiva la rumiación solitariaPresentación CURACIÓN…. Diferenciar realidad y fantasía: en Terapia Focalizada en la Transferencia aterrizamos la culpa, contrastando hechos versus construcciones internasBuyer Persona – Formaci…. Actuar aunque la reparación no sea lineal: cuando el daño es irreparable, realizar gestos simbólicos alivia la mente y el cuerpo también “lo necesita”Buyer Persona – Formaci…. 6. Preguntas de auto-observación Reflexiono a diario con estas tres interrogantes, que propuse durante la charla: ¿Es esta amenaza real o un eco de inseguridades pasadas? Si hubo daño concreto, ¿qué acción proporcional puedo realizar?Presentación CURACIÓN… ¿Estoy atrapada en vergüenza o en hiper-reparación? Responderlas con honestidad acerca un paso más a la vida Sin Miedo y Sin Culpa. Conclusión Culpa patológica y miedo crónico encogen la respiración y opacan la alegría. Recordar que existen vías de reparación—fisiológicas, emocionales y relacionales—abre espacio para la flexibilidad. Reconocer síntomas, diferenciar señales internas y buscar apoyo profesional cuando el terror paraliza, son actos de valentía cotidiana. Cada vez que nombramos una sensación o damos un paso hacia la reparación, enseñamos al cuerpo que puede volver a sentirse seguro. Así, día a día, vamos habitando el presente Sin Miedo y Sin Culpa. Sigue profundizando Explora más recursos sobre trauma, neurociencia y somática en:https://www.institutoneurociencias.cl/actividades/articulos/  

Máscara de trauma: cómo salimos del personaje del sobreviviente

Persona mirando su reflejo en el espejo, con expresión emocional profunda, simbolizando la máscara del trauma y el deseo de autenticidad.

Máscara de trauma: cómo salimos del personaje del sobreviviente El trauma no siempre se presenta como una herida visible o un recuerdo claro. A menudo, se instala en el cuerpo, en la forma en que respiramos, reaccionamos, nos relacionamos. Desde edades tempranas, vamos desarrollando respuestas automáticas que no son otra cosa que máscaras: adaptaciones necesarias para sobrevivir. En este artículo exploraremos cómo opera la máscara de trauma: quedar atrapado en el personaje del sobreviviente, qué efectos tiene en nuestra identidad y cómo podemos iniciar un camino de recuperación real desde la somática y la neurociencia. ¿Qué significa quedar atrapado en el personaje del sobreviviente? Mariann Dávila lo explica con claridad: todos hemos sido sobrevivientes en algún momento. Hemos pasado por situaciones dolorosas, injustas o desbordantes en nuestra infancia, adolescencia o vida adulta. Pero sobrevivir no significa haber resuelto. Lo no resuelto se cristaliza. Y esa cristalización es la máscara del trauma: una forma de ser que nos protegió, pero que termina limitando nuestra libertad emocional, nuestra autenticidad y nuestra capacidad de vincularnos con confianza. El personaje del sobreviviente puede verse como: Hipervigilancia constante Perfeccionismo extremo Necesidad de control Desconfianza en el otro Incapacidad para descansar sin culpa Autoboicot o sabotaje en momentos clave Este personaje nace del dolor, pero se queda con nosotros como si fuera nuestra verdadera identidad. El origen: trauma temprano y desarrollo emocional La máscara de trauma se comienza a construir desde muy temprano. Durante los primeros cinco años de vida, nuestro sistema nervioso está en plena formación y depende por completo del entorno para aprender a autorregularse. Si en esta etapa experimentamos negligencia, sobreexigencia, violencia o ausencia emocional, nuestro cuerpo lo registra como una amenaza. Mariann menciona ejemplos claros: niños con pataletas frecuentes, terrores nocturnos, mutismo selectivo, enuresis, o simplemente “niños buenos” que no hacen ruido, pero que viven en una desconexión emocional profunda. Todo esto son señales de un sistema nervioso adaptado para sobrevivir, no para sentirse seguro. El trauma no necesita ser visible para ser real Uno de los puntos más potentes de esta mirada es que el trauma no siempre se ve. Puede no haber existido un evento evidente, pero sí una acumulación de ausencias: falta de contención, miradas, cuidado emocional o reconocimiento. Esto da origen al trauma del desarrollo, una forma de trauma que afecta directamente la construcción del sentido del yo. En la adultez, se expresa como: Autoexigencia crónica Miedo a equivocarse Sensación de no pertenecer Anhedonia (incapacidad para disfrutar) Desconexión emocional Muchos adultos viven atrapados en ese personaje sin saberlo. Confunden síntomas físicos, estados emocionales intensos o bloqueos vitales con fallas personales, sin saber que son memorias traumáticas somatizadas. El impacto en la personalidad: entre rigidez y fragmentación Mariann, con su formación en psicología de la personalidad y trauma, destaca que la rigidez psicológica es uno de los marcadores más claros de la máscara del trauma. Las personas que han quedado atrapadas en el personaje del sobreviviente tienen dificultades para integrar matices. Ven al mundo en blanco y negro: bueno o malo, éxito o fracaso, seguridad o abandono. Esta forma dicotómica de ver la realidad también aparece en las relaciones, donde se repiten patrones de dependencia, agresividad, sumisión o evitación. Además, el cuerpo no miente: lo que no puede ser expresado en palabras se convierte en síntomas físicos, dolores, enfermedades, cansancio extremo, insomnio o crisis de pánico. El cuerpo como escenario del trauma (y de la sanación) Uno de los aportes más importantes de la formación en Curación Somática es esta comprensión profunda del cuerpo como el lugar donde se inscribe y se repite la historia emocional. La máscara de trauma: quedar atrapado en el personaje del sobreviviente no se rompe desde la mente racional. Se disuelve cuando el cuerpo recibe una nueva experiencia de seguridad, contacto, sostén y confianza. Desde esta perspectiva, Mariann propone herramientas como el PHP (Proceso de Sostener Puntos), el rastreo somático y ejercicios de regulación del nervio vago. Estas prácticas permiten: Liberar tensiones crónicas Desactivar la hipervigilancia Salir del estado de colapso Reconectar con el placer de habitar el cuerpo Lo que la mente no recuerda, el cuerpo no lo olvida Una de las frases que más resuena en la enseñanza de Mariann es esta: “Lo que la mente no recuerda, el cuerpo no lo olvida”. Muchas personas llegan a la adultez sin recuerdos claros de su infancia, pero con síntomas evidentes: bloqueo emocional, dificultad para establecer vínculos, dolor físico constante o disociación. Esto no es casual. Es una estrategia de protección del sistema nervioso. Pero también es una señal clara de que el cuerpo sigue cargando con una historia que no ha podido procesar ni liberar. Señales de que aún llevas puesta la máscara del trauma A lo largo de la charla, Mariann entrega varias señales que indican que alguien sigue atrapado en el personaje del sobreviviente: Sientes que no perteneces Te cuesta tomar decisiones Tienes miedo de ser visto o tocado Te sobreadaptas o reaccionas con agresividad ante estímulos mínimos Tiendes a evitar relaciones profundas Te paraliza la posibilidad de fallar Si te reconoces en algunas de estas señales, no es un juicio: es un llamado a ver tu historia con más compasión. Y, sobre todo, con más cuerpo. Salir de la máscara: un camino desde la regulación No se trata de eliminar el pasado. Se trata de ofrecerle al cuerpo una nueva experiencia que le permita volver a confiar. Esto no se logra solo hablando. Se logra tocando, respirando, sintiendo. En palabras de Mariann: “Sanar no es forzar a tu mente a pensar distinto, es darle a tu cuerpo una experiencia diferente.” Por eso, la formación que dirige está basada en neurociencias aplicadas al trauma, teoría polivagal, experiencia somática y psicología psicosomática, integrando todo en una propuesta profunda, segura y transformadora. Una invitación a recordar quién eras antes de sobrevivir Tal vez lo más importante de todo esto es lo siguiente: la máscara del trauma no es tu identidad real. Es una adaptación. Es un traje que usaste para sobrevivir. Pero

Cómo podemos mejorar nuestra realidad y dejar de sufrir

Persona liberándose de miedo y culpa, con tonos cálidos que evocan calma y esperanza

Cómo podemos mejorar nuestra realidad y dejar de sufrir Vivimos en un mundo donde el sufrimiento parece inevitable. A veces creemos que está afuera, en lo que ocurre a nuestro alrededor. Pero ¿y si ese sufrimiento también estuviera profundamente ligado a la forma en que percibimos la realidad? En este artículo te mostraremos cómo podemos mejorar nuestra realidad y dejar de sufrir, a través de una mirada que integra neurociencia, trauma y conciencia emocional. El juicio de realidad: la raíz de nuestra percepción En psicología, el “juicio de realidad” es la capacidad de distinguir entre lo que sucede dentro de nuestra mente y lo que ocurre en el mundo externo. Es una función compleja del cerebro que requiere desarrollo, maduración y cuidado desde la infancia. Cuando esta función está alterada —por trauma, estrés crónico o desregulación del sistema nervioso— comenzamos a vivir una realidad teñida por el dolor interno. Es ahí cuando necesitamos preguntarnos cómo podemos mejorar nuestra realidad y dejar de sufrir. Cómo se construye la realidad en el cerebro Desde bebés, empezamos a construir una idea del mundo a partir de sensaciones corporales, vínculos tempranos y experiencias emocionales. La neurociencia nos muestra que esta construcción no es puramente racional, sino que nace del cuerpo: del tacto, la voz, la presencia o ausencia del otro. La realidad, por tanto, no es algo externo y fijo. Es una creación activa del sistema nervioso, una interpretación subjetiva moldeada por lo que vivimos. El trauma distorsiona la realidad Uno de los efectos más profundos del trauma es que altera esta construcción. Cuando hemos vivido experiencias dolorosas sin poder procesarlas emocionalmente, nuestro cerebro entra en un estado de alerta o de disociación. Eso hace que percibamos el mundo como más amenazante, confuso o sin sentido. Esta es una de las razones por las cuales muchas personas no pueden salir del sufrimiento, aunque su entorno haya cambiado. Aquí se abre la pregunta esencial: ¿cómo podemos mejorar nuestra realidad y dejar de sufrir cuando la distorsión viene desde adentro? Realidad gruesa vs realidad fina Mariann Dávila nos habla de dos niveles de realidad: la gruesa y la fina. La realidad gruesa es lo que nos ocurre objetivamente: perdí un trabajo, terminé una relación, estoy en crisis. La realidad fina es lo que esa situación representa para mí: «no sirvo», «nunca me van a querer», «soy un fracaso». Mientras no trabajemos con esa realidad fina, el sufrimiento se perpetúa. Aprender a afinar nuestra percepción es clave para entender cómo podemos mejorar nuestra realidad y dejar de sufrir. El cuerpo como puerta de entrada La curación somática y las terapias basadas en el cuerpo como PHP™ (Proceso de Sostener Puntos) han demostrado que el cuerpo guarda las memorias emocionales no procesadas. No basta con “pensar positivo” o “ver las cosas de otro modo”. Para transformar la realidad interna, necesitamos darle al cuerpo nuevas experiencias de seguridad, presencia y regulación. Esta es una vía concreta y efectiva para quien busca cómo podemos mejorar nuestra realidad y dejar de sufrir sin necesidad de revivir el trauma. Escuchar lo que el cuerpo dice El sufrimiento a menudo aparece como una voz interna: “no valgo”, “no puedo”, “no merezco”. Pero esa voz tiene raíces más profundas. Muchas veces, viene de un cuerpo que vivió experiencias sin contención. Cuando aprendemos a escuchar nuestro cuerpo —su tensión, su dolor, su desconexión— podemos descubrir qué parte de nosotros quedó atrapada en una realidad antigua. Así comienza el proceso de cambio. Porque sí, se puede cambiar. Podemos mejorar nuestra realidad y dejar de sufrir, pero primero hay que escuchar. Neurociencia y regulación emocional La neurociencia aplicada al trauma nos enseña que ciertas áreas del cerebro (como la amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal) se ven afectadas por el estrés crónico y los eventos traumáticos. Esto afecta nuestra capacidad de juicio, de regulación emocional y de toma de decisiones. Una realidad desregulada es una realidad teñida por el miedo o el colapso. Por eso, una de las claves de cómo podemos mejorar nuestra realidad y dejar de sufrir es aprender a regular nuestro sistema nervioso. El sufrimiento no siempre es por lo que crees Muchas veces sufrimos por pensamientos como: “no sirvo para esto”, “si fallo me van a rechazar”, “nadie me quiere realmente”. Pero al observar con más profundidad, podemos ver que esos pensamientos no son verdades absolutas. Son narrativas aprendidas, muchas veces ligadas a experiencias pasadas que aún no han sido elaboradas. Por eso es tan importante cuestionar nuestros pensamientos. Preguntarnos: ¿Esto que pienso es tan real? ¿O es una versión distorsionada de mi historia? ¿Qué hacer cuando el sufrimiento se vuelve abrumador? Cuando sentimos que ya no podemos más, hay que parar. Escuchar. Respirar. Buscar apoyo. El sufrimiento intenso, sostenido en el tiempo, puede alterar profundamente nuestro juicio de realidad. Es aquí cuando necesitamos herramientas concretas: ejercicios de grounding, rastreo somático, respiración, acompañamiento terapéutico. Porque nadie debería cargar con una realidad insoportable sin tener recursos para transformarla. Y sí, hay caminos para aprender cómo podemos mejorar nuestra realidad y dejar de sufrir, sin violencia interna ni exigencia. El rol de la comunidad y el vínculo El sentido de realidad también se construye en relación. Necesitamos de otros para que nos reflejen, para que nos contengan, para ayudarnos a vernos más allá del dolor. Muchas veces el sufrimiento se vuelve crónico porque vivimos aislados, desconectados emocionalmente. Por eso, al mejorar nuestros vínculos también estamos respondiendo a la pregunta: ¿cómo podemos mejorar nuestra realidad y dejar de sufrir? El presente como refugio (y como desafío) Estar en el aquí y ahora es más fácil decirlo que hacerlo. El presente duele cuando está teñido de memorias del pasado. Pero también es el único espacio donde podemos recuperar poder. La realidad no es solo lo que ocurrió. Es lo que elijo construir hoy con lo que tengo. Respirar, pausar, sentir, moverme, volver. Es en el presente donde podemos cambiar el rumbo. Es desde el presente que podemos mejorar nuestra realidad y dejar de sufrir. Conclusión:

Sanando Desde El Cuerpo Y La Mente

Sanando Desde El Cuerpo Y La Mente: Neurociencias y Trauma Durante muchos años, se creyó que el trauma era exclusivamente un problema mental, algo que residía en nuestros pensamientos y recuerdos. Sin embargo, gracias a los avances en neurociencias y terapias somáticas, hoy sabemos que «sanando desde el cuerpo y la mente» podemos lograr una recuperación profunda y duradera. Este nuevo entendimiento abre caminos más integrales y compasivos para abordar el trauma. ¿Qué es realmente el trauma? El trauma no siempre es resultado de grandes eventos dramáticos. A veces, experiencias aparentemente pequeñas durante la infancia pueden dejar huellas profundas en nuestro sistema nervioso. Según Mariann Dávila, psicóloga clínica especializada en neurociencias aplicadas al trauma, muchas veces no reconocemos conscientemente estos eventos, pero nuestro cuerpo sí lo hace, almacenando memorias traumáticas que luego se expresan en ansiedad, insomnio, crisis de pánico y desconexión emocional. Peter Levine, pionero en el campo de la somática y el trauma, señaló hace más de 30 años que el trauma es parte de la vida. Hoy, gracias a la neurociencia, podemos validar lo que intuitivamente ya sabíamos: que el cuerpo guarda la memoria emocional de nuestras experiencias pasadas. Sanando Desde El Cuerpo Y La Mente: validación del cuerpo La neurociencia ha demostrado que el trauma afecta físicamente al cerebro y al sistema nervioso. Eventos traumáticos pueden reducir la masa encefálica y generar daño cerebral en niños expuestos a violencia o negligencia, condicionando su desarrollo emocional y cognitivo a largo plazo. Este conocimiento ha transformado radicalmente la manera en que entendemos y tratamos el trauma, pasando de una visión exclusivamente mental a una integral que incorpora cuerpo y emoción. Hoy, la neurociencia aplicada al trauma permite identificar respuestas automáticas del cuerpo, como la lucha, la huida o el colapso, explicando por qué algunas personas se sienten continuamente amenazadas o desconectadas, incluso cuando no existe peligro real en el presente. La importancia de la regulación emocional Una de las claves fundamentales en «sanando desde el cuerpo y la mente» es la regulación emocional. La desregulación del sistema nervioso, explica Mariann Dávila, se manifiesta en patrones como la hipervigilancia, la tensión muscular crónica, la disociación o la incapacidad para sentirse seguro en cualquier lugar. La terapia somática trabaja precisamente desde el cuerpo para crear nuevas rutas neuronales de seguridad y calma. Técnicas como el Proceso de Sostener Puntos (PHP™), en lugar de revivir el trauma, ayudan a reorganizar suavemente los patrones internos, generando una experiencia distinta donde el cuerpo aprende a sentirse seguro y contenido nuevamente. El cuerpo como vehículo para sanar desde la mente y el cuerpo Nuestro cuerpo no solo alberga memorias traumáticas, sino que también posee una poderosa capacidad innata para sanarse. Según la teoría polivagal desarrollada por Stephen Porges, nuestro sistema nervioso está diseñado para buscar seguridad y conexión. La terapia somática aprovecha esta capacidad para reprogramar respuestas traumáticas desde adentro hacia afuera, proporcionando nuevas experiencias de calma y confianza. Mariann Dávila resalta que no es necesario revivir el trauma para transformarlo. Lo esencial es ofrecer al cuerpo una experiencia de seguridad y contención, permitiendo que el sistema nervioso recupere su capacidad natural de autorregulación. Adulto emergente: Sanando desde el cuerpo y la mente Un concepto revolucionario que ha aportado la neurociencia al campo terapéutico es el del «adulto emergente», una etapa vital que se extiende hasta los 29 años. Esto cambia radicalmente nuestra comprensión del desarrollo emocional y cognitivo, enfatizando la importancia de acompañar a adolescentes y jóvenes adultos desde la compasión y la paciencia, evitando exigencias desmedidas que puedan agravar el trauma. La neurociencia aplicada al trauma enfatiza que, para lograr una identidad adulta integrada y funcional, es vital abordar patrones traumáticos desde la adolescencia con herramientas somáticas, promoviendo un desarrollo cerebral saludable y resiliente. Sanar desde el cuerpo: un acto de amor propio El trauma no es una sentencia de por vida. Es posible transformarlo a través del cuerpo, reestableciendo la conexión perdida con nuestras emociones, sensaciones y memorias. La terapia somática enseña a escuchar al cuerpo, interpretando sus señales no como enemigos, sino como aliados que nos indican el camino hacia una sanación profunda y duradera. Mariann Dávila concluye que «sanando desde el cuerpo y la mente» no es solo una cuestión técnica; es un acto profundo de amor propio y autocuidado. Es darle al cuerpo la oportunidad de reorganizarse desde la seguridad y la compasión, generando una nueva narrativa vital en la que podamos vivir plenamente y en armonía. Sanar desde el cuerpo y la mente no es regresar al pasado para revivir el dolor, sino crear un presente seguro desde el cual podamos construir un futuro resiliente y lleno de vida. ¿Te reconoces en esta visión integradora y compasiva del trauma? El camino hacia la sanación está en tu cuerpo. Solo necesitas escucharlo. Para más información sobre neurociencias y trauma, visita: Instituto de Neurociencias